lunes, 31 de octubre de 2011

La leyenda de Jack the Lantern


¿No os habéis preguntado nunca de donde viene la tradición de tallar calabazas para encenderlas durante la Noche de Halloween?

Esta noche, Víspera de Todos los Santos, es una de las noches más mágicas del año y la más terrorífica sin lugar a dudas, seres del inframundo caminan por nuestro mundo, libres,... es la Noche de Halloween.

Permitidme que, en esta noche, os cuente la historia de Jack the Lantern, un ser maldito que camina entre el cielo y el infierno en busca de un lugar donde dar descanso a su atormentada alma.

Cuenta la leyenda que existía un hombre llamado Jack el Tacaño, un granjero tan perezoso como astuto y que no hacía ascos a unas buenas pintas de cerveza.
Una noche en la taberna donde Jack solía ir a beber y a jugar a las cartas hasta altas horas de la noche, éste se encontraba totalmente ebrio y, con la valentía que da el alcohol, gritaba desafiante a todo aquel que quisiera escucharlo:

- No hay nadie más listo que yo, ni capaz de superarme en inteligencia y astucia.

Ninguno de los presentes hacía caso de las fanfarronadas de Jack, molesto y furioso, Jack no iba a permitir que le ignorasen, así que volvió a gritar lleno de soberbia:

- Reto al mismo Diablo a que me demuestre si es más inteligente que yo.

La actividad de toda la taberna se paralizó, no se oían risas, ni bromas, en realidad no se oía nada, los aldeanos apenas se permitían respirar. Jack había retado abiertamente al Diablo. Todos los presentes miraban a Jack con terror, poco a poco, el bullicio empezó a crecer aunque el ambiente era lúgubre, sin alegría. Sólo había susurros ahogados y miradas furtivas.

Jack se enfureció aún más, de un salto se puso de pie tirando la silla que había estado usando y, con un puñetazo furioso, apartó la mesa de su camino desparramando todo por el suelo, y, mirando con desprecio a sus vecinos, salió del local.

Frente a la taberna, Jack vio a un siniestro caballero vestido completamente de negro y con un sombrero de ala ancha que cubría su rostro, pero los ojos del desconocido relucian con un brillo maligno en la oscuridad y le miraban fijamente.

El miedo se apoderó de Jack, aquel tipo era aterrador, pero él no se dejaba amilanar fácilmente y, con ademán bravucón, se dirigió al extraño y se encaró con él.

- ¿Qué es lo que quieres? - le preguntó con altivez.

El desconocido no le contestó, pero el brillo de sus ojos era más intenso y frio.

Jack se encogió de hombros, y con un gesto despectivo, se dió media vuelta y se dirigió a su casa. Al principio, Jack iba tan confiado y ufano como siempre pero la sensación de estar siendo seguido por alguien se iba acentuando con cada paso que daba. Empezó a mirar inquieto hacia atrás, pero no conseguía ver nada aunque la sensación era ya abrumadora, de vez en cuando creía ver la sombra del enmascarado acercándose cada vez más.

Jack aceleró el paso, tenía la impresión de oír los pasos de su perseguidor cada vez más cercanos, y el terror se iba apoderando de él, nunca el camino hasta su hogar le había parecido tan largo. Corrió. Cuando por fin llegó a casa Jack estaba completamente aterrorizado, rápidamente echó el cerrojo de la puerta y corrió a comprobar, una a una, todas las ventanas.

Cada vez que comprobaba una ventana podía ver al desconocido parado frente a la casa, esperando. Esperándole.

Después Jack esperó a ver que pasaba. La tensión y el miedo iban creciendo en él, pero no pasó nada. Cada pocos minutos se asomaba por la ventana, y cada vez el desconocido seguía allí, parado, esperando. Jack estaba desesperado, y, recogiendo el valor que le quedaba, se atrevió a salir y a volverse a enfrentar al desconocido.

- ¿Quién eres y qué quieres de mi? - le espetó Jack asustado.

El extraño le miraba fijamente, con aquellos ojos espeluznantes, y Jack creyó ver como la boca de aquel individuo se había torcido en una cruel sonrisa.

- Soy el Diablo, y estoy aquí puesto que me has retado, a mis oidos han llegado que te consideras más listo que yo. - Su voz sonaba siniestra y profunda.

Aunque muerto de miedo, Jack sonrió al extraño y lo cogió del brazo invitándole a volver juntos a la taberna a tomar sus últimas copas. El Diablo aceptó. Durante horas ambos estuvieron hablando, bebiendo y jugando animadamente, en una extraña competición de ingenios, la velada transcurría como una fiesta entre dos amigos. Durante todo este tiempo Jack no paraba de pensar en como salir de ésta aunque no encontraba la forma.

Inexorablemente, ya muy cerca de la madrugada, el Diablo le dijo a Jack que iba a llevarselo al Infierno donde purgaría sus pecados y pagaría por su soberbia. Jack sabía que había llegado su hora, aún así no se amilanó e invitó al Diablo a una última ronda. El Diablo, que lo había estado pasando tan bien hasta el momento, no vio motivos para negarse.

Al llegar el momento de pagar, Jack afirmó haberse quedado sin dinero, lo que provocó numerosas bromas y burlas entre ellos, momento que aprovechó Jack para volver a retar al Diablo:

- ¡Vamos compañero! demuéstrame tus poderes, a ver de qué eres capaz. ¿Por qué no te conviertes en algo pequeño, en una moneda, por ejemplo?

El Diablo, bastante ebrio y picado en su orgullo, usó toda su parafernalía y se transformó en una moneda. Momento en el que, astutamente, Jack aprovechó para coger la moneda y guardársela rápidamente en el bolsillo, donde previamente había guardado un crucifijo de plata.

El Diablo, atrapado junto a la cruz, no podía hacer nada para liberarse, por lo que, no le quedó más remedio que hacer un trato con Jack. Jack le liberaba y, a cambio, el Diablo no podía presentarse ante él en un año.

Así que, un año después, el Diablo se presentó puntual a su cita. Este año no habría borracheras, ni bromas, ni risas, en esta ocasión no iba a permitir que Jack le volviera a burlar.

En esta ocasión, Jack pidió un deseo antes de morir. Como bien es sabido, los últimos deseos de los que iban a morir debían de ser concedidos, por lo que el Diablo volvió a concedérselo, aunque en esta ocasión pusó algunas condiciones. No iba a permitir que, utilizando algún truco, Jack volviera a retrasar su entrada al Infierno.

- Quiero una última cena. No quiero nada exótico, llevo todo el año cuidando de ese manzano, y una de ellas, esa que se ve en la copa del árbol, acaba de madurar y pensaba comermela mañana. Desearía disfrutar de ella antes de mi muerte. Mi deseo es que me la bajes para que pueda comérmela y luego puedes llevarme contigo.

Al Diablo le pareció un deseo razonable. Sólo una manzana. Por lo que sin pensárselo más aceptó. Ágilmente subió al árbol y se puso a buscar la manzana que Jack había señalado.
Pero Jack había vuelto a engañarle, justo cuando el Diablo había subido al árbol, Jack grabó en el tronco una cruz para que este no pudiera escapar.

El Diablo estaba furioso y humillado, ¡aquel granjero se había atrevido a engañarle dos veces! Aún así, no le quedó más remedio que volver a hacer un trato con Jack.

Esta vez Jack pidió que el Diablo no pudiera presentarse ante él en diez años.

Pero el destino quiso que Jack perdiera la vida mucho antes del tiempo establecido. Tal como era, soberbio, altivo, vicioso y tramposo era completamente imposible que cruzara las puertas del Cielo y, por lo tanto, debía ir al Infierno.

Pero había un problema, el pacto seguía vigente y, por consiguiente, era imposible que Jack se encontrara con el Diablo antes de que se cumplieran los diez años. Por lo que tampoco podía entrar en el Infierno. Jack se quedaba en tierra de nadie, entre el Cielo y el Infierno, sólo y a oscuras. Jack suplicó ayuda.

El Diablo burlón, había estado esperando todo este tiempo su venganza, y esta era su oportunidad. Le negó la entrada al Infierno transcurrido el tiempo pactado, pero como burla, le lanzó una brasa que no dejaría de arder con el fuego del infierno para iluminar su camino.

Jack vació un nabo y colocó la brasa en su interior a modo de farolillo. Comenzó a vagar eternamente, sin pertenecer a ningún lado, en busca de un lugar donde encontrar el descanso final.

Desde entonces, Jack the Lantern, como se le empezó a llamar, ha sido visto en numerosas ocasiones durante la noche de Halloween, acompañando a aquellos que se atreven a salir esa noche, y ofreciendo a sus acompañantes un truco o un trato.

Y que va a ser esta noche ¿truco o trato?

Un beso a todos.

sábado, 29 de octubre de 2011

Silverpilen, la flecha plateada de Estocolmo


Existen numerosas leyendas urbanas relacionadas con trenes fantasmas, una de las más famosas es la que se refiere a un tren conocido como Silverpilen ("la flecha plateada") en la ciudad de Estocolmo, en Suecia.

El Silverpilen es un tren de un reluciente color plateado, de la serie C5, y que consta de 5 vagones, y que se asegura que ha sido visto en numerosas ocasiones circulando a toda velocidad por la red de metro de la ciudad.

Lo curioso es que, en Estocolomo, únicamente se puso en funcionamiento un tren de la serie C5, y este tren constaba de 8 vagones. Otra diferencia con el Silverpilen es que el Silverpilen solía ser visto en la línea 11, línea que no cubría el otro tren. Funcionó durante la década de los 60 y reemplazado más tarde por trenes más modernos.

Vagón de la serie C5 como el Silverpilen.
 Los primeros rumores aparecieron muy pronto, la gente decía que un tren blanco y resplandeciente recorría las líneas del metro a toda velocidad durante la noche.
Como en toda leyenda urbana, existen diferentes versiones de la leyenda. Algunas versiones afirman que el tren había sido visto únicamente por los trabajadores del metro que suelen hacer labores de mantenimiento de la red por la noche cuando las líneas son cerradas al público. Otras, aseguran que el tren sólo circula después de medianoche por algunas estaciones. Incluso hay versiones que llegan a afirmar que, en algunas ocasiones, el tren ha sido visto parando para recoger a algunos pasajeros.

Una de las versiones más extendidas relaciona el Silverpilen con la estación fantasma de Kymlinge.

Kymlinge es una estación que iba a pertenecer a la línea 11 y que nunca entró en funcionamiento porque nunca fue acabada. Esta estación está situada en medio de un bosque a las afueras de Estocolmo, que fue proyectada, en la decada de los 70, para unir un futuro barrio obrero con la ciudad, el proyecto fue abandonado y la estación quedó inacabada.

Pues en esta versión de la leyenda, los pasajeros que son recogidos por el Silverpilen, son apeados en la estación de Kymlinge una vez que han muerto. De esta versión de la leyenda surge un dicho que viene a decir algo como "sólo los muertos se bajan en Kmlinge (Bara de döda stiger av i Kymlinge)". Hay estudiosos que relacionan esta leyenda con la leyenda del Holandés Errante, ya que aquellos que subían a él no podían abandonarlo con vida.

Esta leyenda urbana alcanzó gran popularidad durante la década de los 70, tanto es así que, en 1980, fue recogida y publicada por Bengt Klintberg. El 10 de diciembre de 1997, la serie sueca "Det spökar (Los fantasmas)" emitió un capítulo dedicado a esta historia.

Hoy en día la popularidad de la leyenda sigue siendo tal que tiene una página como grupo en la red social Facebook.

 El Silverpilen sigue circulando a medianoche por las estaciones de Estocolmo, parando de vez en cuando para recoger algún pasajero despistado.


Espero que os haya gustado.

Un beso a todos.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Banshees, los lamentos de la muerte


Las banshees son espíritus femeninos que al aparecerse ante alguien anuncian, con sus gemidos, la muerte cercana de un pariente o ser querido. Pertenecen a la tradición irlandesa, escocesa y bretona.

Son consideradas hadas y mensajeras del otro mundo. Son lo que ha quedado de las deidades, espíritus de la naturaleza y ancestros venerados por los antiguos celtas antes de la introducción del Cristianismo.

El término Banshee proviene del irlandés "bean sidhe" o "bean sí", y, también, del gaélico escocés "bean sith". Significa "mujer de los túmulos feéricos" o "mujer de paz".

Las descripciones que hay de las banshees son muy diversos y diferentes aunque hay dos tipos que destacan en los diferentes relatos. Aunque casi todos los relatos coinciden en afirmar que uno de los rasgos físicos más característicos de las banshees son sus ojos, de un color rojo encendido, que se han vuelto así tras siglos de llorar a quienes amaron y por los que guardan duelo.

Aparece como una mujer a la que no se la distingue el rostro y va vestida con un sudario que la envuelve completamente el cuerpo. Suele aparecer agazapada entre los árboles mientras llora desconsolada y tan tristemente que parte el corazón oírla.

Otra de las apariencias más comunes es la de una anciana de rostro horrible y una larga y frondosa melena, llevando un vestido verde y cubierta con un manto gris. Aunque puede ser vista en el bosque, esta banshee prefiere acercarse a las ventanas de la casa para emitir sus lamentos.

Otras apariencias que toman es la de una viejecita menuda o una hermosa joven con una larga melena dorada y vestida de rojo. Algunos autores las describen como virgenes hermosas o volando por los aires.

Una banshe también puede aparecer en la distancia, como una figura solitaria paseando por las colinas que rodean la casa de la familia o sentada sobre un muro de piedra. En ocasiones, no es visible pero es clara su presencia al escuchar los penetrantes gemidos que emiten.

Borges describio a la banshee  como "es menos una forma que un gemido que da horror a las noches de Irlanda".

Aunque puede aparecer de muy diversas formas, por lo general, la visión de estos espíritus provocan terror, miedo o, al menos, inquietud.

El grito de la banshee es inconfundible, según cuentan, es a la vez el aullido de un lobo, los gritos desesperados de un niño abandonado y los gritos de un ganso salvaje. Los que afirman haberlo oído sostienen que este grito despertaría a cualquiera de un sueño muy profundo y que es perfectamente audible en mitad de una violenta tempestad.

A veces sólo emiten un lamento suave y musical que resulta hermoso y muy triste. Según algunas tradiciones, el canto funeral irlandés llamado "keen" o "caoine" está inspirado en estos lamentos.

Las banshees no suelen aparecerse a la persona que va a fallecer, siempre suele aparecerse a personas cercanas o, en ocasiones, a personas que ni siquiera conocen a la persona y que, solo después de enterarse de la muerte de esta, comprenden realmente el significado de la aparición.

En algunas ocasiones, las banshees susurran unas palabras misteriosas, incomprensibles para quienes las oyen, que no se suelen entender hasta después del fallecimiento.

En algunas leyendas se hace referencia a que, en ocasiones, varias banshees se reúnen para gemir al unísono. Cuando esto ocurre es anunción de una gran catástrofe o de la muerte de alguien muy importante.

Antiguamente, las banshees estaban ligas a las grandes familias celtas, todas las familias importantes que empezarán por "0'" o por "Mac" tenían su propia banshee. Pero con el paso del tiempo, estas familias se han ido uniendo a otras, mediante bodas o alianzas, por lo que hay banshees ligadas a familias con sangre celta con otros apellidos.

La fidelidad de la banshee no tiene límites. Cuando está unida a una familia la sigue allá donde vaya. Si la familia se muda o emigra la banshee va con ellos, anunciando y lamentando la muerte de alguno de sus miembros.

Aibhill es el nombre de la banshee más famosa y estaba unida a la familia real de los O'Brien. Según cuenta la leyenda, El rey Brian Boru supo que no sobreviviría cuando la noche anterior a la Batalla de Clontarf, en 1014, se le apareciera Aibhill, estaba lavando la ropa de los soldados, el rey observó que poco a poco el agua que utilizaba Aibhill para realizar su tarea se iba oscureciendo hasta volverse tan roja como la sangre. 

Existen muchas leyendas en las que aparecen estos espíritus y se dice que allá donde haya un irlandés o escocés que fallece hay una banshee que le llora.

Espero que os haya gustado.

Un beso a todos.