viernes, 22 de abril de 2011

El Great Eastern, el gigante desafortunado


A finales del siglo XIX, la rivalidad entre las grandes empresas navieras se traducía en faraónicas construcciones capaces de realizar impensables hazañas que maravillaban al mundo. Por eso la construcción de un barco capaz de recorrer, sin realizar ningún repostaje, la travesía entre Inglaterra y Australia era una de esas hazañas que ocupaban a los ingenieros de la época.

El reputado ingeniero británico Isambard K. Brunel, creador de dos grandes buques, el “Great Britain” y el “Great Western”, alentado por sus anteriores éxitos, fue el artífice del proyecto.

Las dimensiones del buque eran increíbles para la época: 211 metros de eslora; 36 metros de manga (incluidos los tambores de las ruedas de palas); dos enormes mecanismos para accionar estas ruedas de 17 metros de diámetro; una hélice de 7 metros de longitud, y un desplazamiento de 32.000 toneladas. Todo esto hacía del “Great Eastern” en el barco de pasajeros más grande del mundo. Brunel diseñó el casco también muy avanzado: creó un gran armazón con cuadernas y forros dobles, dividiéndolo en mamparas transversales con diez compartimientos estancos, de 18 metros de longitud cada uno.

Sin embargo, la nave estuvo rodeada de extrañas circunstancias desde el principio.
Para construir la nave, Brunel buscó el apoyo financiero de la Easter Steam Navigation Company, fundada en 1851 para el comercio con la India, países del Extremo Oriente y Australia.

La construcción se inició en los astilleros de John Scott Russel, en Millwall (Londres), y desde casi el comienzo empezó a correr la voz de que estaba embrujado. La mala suerte parecía perseguir a las personas relacionadas con él.

Los accidentes más inexplicables estaban a la orden del día, por lo que varios operarios perdieron la vida. Para empeorarlo, un remachador desapareció de forma sumamente misteriosa mientras trabajaba en el casco del buque. Las especulaciones sobre el barco y las desgracias que se generaban a su alrededor eran muchas y muy variadas.

Una vez terminado, el barco se encontró con otro grave problema. Los astilleros donde se había construido el buque estaban en una zona demasiado estrecha del Támesis para realizar una botadura de frente, debido a su envergadura, que es lo más habitual. Esto ya había implicado un grave retraso en la finalización del barco, con el consiguiente aumento de los costes, al tener que montar el casco paralelamente al curso del río, para poder conseguir hacer una botadura lateral.

Brunel acabó enfermando debido al exceso de trabajo y las enormes preocupaciones que este proyecto le estaba causando.

El martes 3 de Noviembre de 1857, en un primer intento de botadura, se produjo un accidente mortal. Inexplicablemente el cabrestante se desenrolló repentinamente segando la vida de uno de los trabajadores. Por supuesto, la botadura se canceló.

El 19 de noviembre se volvió a intentar, con algo más de suerte, pero sin conseguirlo y, para finales de mes, el buque sólo se había movido 10,2 metros en total. Era un desastre, Brunel y la compañía estaban desesperados.

Por fin, casi tres meses después del primer intento, el domingo 31 de enero de 1858, se produjo la botadura. El buque emprendió entonces una travesía de prueba hasta Weymouth (condado de Dorset), pero, otra vez la mala suerte se cebó con él, produciéndose otro grave accidente. A las pocas horas una de las tuberías de vapor reventó provocando la explosión de una de las cuatro chimeneas: murieron seis fogoneros. La noticia se propagó como la pólvora.

Brunel, que ya estaba muy enfermo para entonces, quedó impactado por la noticia, provocando un grave empeoramiento de su estado. Falleció el 15 de septiembre de 1859.
Por su parte, La Eastern Steam Navigation Company era incapaz de hacer frente a los enormes gastos motivados por los accidentes y los retrasos del Great Eastern, por lo que finalmente se vio en la necesidad de venderlo a la Great Ship Company.

La Great Ship Company pretendía usar el barco en cruceros trasatlánticos. Nunca se llegaron a cubrir sus 4.000 plazas.

El primer crucero, con destino Nueva York, fue un desastre y el pánico cundió tanto en el pasaje como en la tripulación. Los pasajeros de las clases inferiores y la tripulación no cesaban de oír golpes secos, como de martillazos, que procedían del fondo del casco, estos ruidos se oían a todas horas y durante todo el trayecto creando una situación terrorífica en el pasaje. Para colmo de males, el Great Eastern sufrió dos accidentes en este trayecto: primero, una fuerte tormenta se abatió sobre la nave en medio del Atlántico, lo que provocó el barco quedara desarbolado; y, muy cerca del puerto de Nueva York, chocó con un escollo no indicado en las cartas marítimas. La tripulación ya no podía más y, totalmente aterrorizada, se negó a obedecer las órdenes del capitán, bajo amenaza de amotinarse.

El Great Eastern nunca volvió a ser utilizado para el transporte de pasajeros. Tras tener que volver a invertir miles de libras en reparaciones, la Great Ship Company se vio en la necesidad de poner el barco en venta. Tres antiguos accionistas de la compañía adquirieron el barco para alquilarlo como buque portacables a la Telegraph Construccion Company.

En Julio de 1865, convenientemente equipado, zarpó de un puerto irlandés para tender un cable trasatlántico, pero al cabo de 1.930 kilómetros de tendido el cable se rompió, haciendo inútiles los esfuerzos por reparar la avería. Un año más tarde, en 1866, se repitió la operación, está vez coronada por el éxito. De esta manera, el Great Eastern, fue utilizado para el tendido de cables de Francia a América, de Bombay a Aden y a lo largo del Mar Rojo.

Terminó sus días anclado en el puerto de Liverpool, como verbena flotante y espacio para espectáculos.

Pero el Great Eastern no iba a desaparecer sin ser noticia otra vez. En 1888, cuando se procedía a su desguace, los trabajadores se llevaron un tremendo susto al encontrar, entre las dos secciones del casco que estaban separadas un metro de anchura, los restos del desaparecido remachador, que aún conservaba bien sujeto en su mano un martillo.
Transcurrieron dos décadas antes de que se volviese a construir otro buque que superara en tonelaje al Great Eastern, y ese barco fue el Lusitania, cuya leyenda aún perdura.

Besos a todos… y feliz crucero!!!