lunes, 31 de octubre de 2011

La leyenda de Jack the Lantern


¿No os habéis preguntado nunca de donde viene la tradición de tallar calabazas para encenderlas durante la Noche de Halloween?

Esta noche, Víspera de Todos los Santos, es una de las noches más mágicas del año y la más terrorífica sin lugar a dudas, seres del inframundo caminan por nuestro mundo, libres,... es la Noche de Halloween.

Permitidme que, en esta noche, os cuente la historia de Jack the Lantern, un ser maldito que camina entre el cielo y el infierno en busca de un lugar donde dar descanso a su atormentada alma.

Cuenta la leyenda que existía un hombre llamado Jack el Tacaño, un granjero tan perezoso como astuto y que no hacía ascos a unas buenas pintas de cerveza.
Una noche en la taberna donde Jack solía ir a beber y a jugar a las cartas hasta altas horas de la noche, éste se encontraba totalmente ebrio y, con la valentía que da el alcohol, gritaba desafiante a todo aquel que quisiera escucharlo:

- No hay nadie más listo que yo, ni capaz de superarme en inteligencia y astucia.

Ninguno de los presentes hacía caso de las fanfarronadas de Jack, molesto y furioso, Jack no iba a permitir que le ignorasen, así que volvió a gritar lleno de soberbia:

- Reto al mismo Diablo a que me demuestre si es más inteligente que yo.

La actividad de toda la taberna se paralizó, no se oían risas, ni bromas, en realidad no se oía nada, los aldeanos apenas se permitían respirar. Jack había retado abiertamente al Diablo. Todos los presentes miraban a Jack con terror, poco a poco, el bullicio empezó a crecer aunque el ambiente era lúgubre, sin alegría. Sólo había susurros ahogados y miradas furtivas.

Jack se enfureció aún más, de un salto se puso de pie tirando la silla que había estado usando y, con un puñetazo furioso, apartó la mesa de su camino desparramando todo por el suelo, y, mirando con desprecio a sus vecinos, salió del local.

Frente a la taberna, Jack vio a un siniestro caballero vestido completamente de negro y con un sombrero de ala ancha que cubría su rostro, pero los ojos del desconocido relucian con un brillo maligno en la oscuridad y le miraban fijamente.

El miedo se apoderó de Jack, aquel tipo era aterrador, pero él no se dejaba amilanar fácilmente y, con ademán bravucón, se dirigió al extraño y se encaró con él.

- ¿Qué es lo que quieres? - le preguntó con altivez.

El desconocido no le contestó, pero el brillo de sus ojos era más intenso y frio.

Jack se encogió de hombros, y con un gesto despectivo, se dió media vuelta y se dirigió a su casa. Al principio, Jack iba tan confiado y ufano como siempre pero la sensación de estar siendo seguido por alguien se iba acentuando con cada paso que daba. Empezó a mirar inquieto hacia atrás, pero no conseguía ver nada aunque la sensación era ya abrumadora, de vez en cuando creía ver la sombra del enmascarado acercándose cada vez más.

Jack aceleró el paso, tenía la impresión de oír los pasos de su perseguidor cada vez más cercanos, y el terror se iba apoderando de él, nunca el camino hasta su hogar le había parecido tan largo. Corrió. Cuando por fin llegó a casa Jack estaba completamente aterrorizado, rápidamente echó el cerrojo de la puerta y corrió a comprobar, una a una, todas las ventanas.

Cada vez que comprobaba una ventana podía ver al desconocido parado frente a la casa, esperando. Esperándole.

Después Jack esperó a ver que pasaba. La tensión y el miedo iban creciendo en él, pero no pasó nada. Cada pocos minutos se asomaba por la ventana, y cada vez el desconocido seguía allí, parado, esperando. Jack estaba desesperado, y, recogiendo el valor que le quedaba, se atrevió a salir y a volverse a enfrentar al desconocido.

- ¿Quién eres y qué quieres de mi? - le espetó Jack asustado.

El extraño le miraba fijamente, con aquellos ojos espeluznantes, y Jack creyó ver como la boca de aquel individuo se había torcido en una cruel sonrisa.

- Soy el Diablo, y estoy aquí puesto que me has retado, a mis oidos han llegado que te consideras más listo que yo. - Su voz sonaba siniestra y profunda.

Aunque muerto de miedo, Jack sonrió al extraño y lo cogió del brazo invitándole a volver juntos a la taberna a tomar sus últimas copas. El Diablo aceptó. Durante horas ambos estuvieron hablando, bebiendo y jugando animadamente, en una extraña competición de ingenios, la velada transcurría como una fiesta entre dos amigos. Durante todo este tiempo Jack no paraba de pensar en como salir de ésta aunque no encontraba la forma.

Inexorablemente, ya muy cerca de la madrugada, el Diablo le dijo a Jack que iba a llevarselo al Infierno donde purgaría sus pecados y pagaría por su soberbia. Jack sabía que había llegado su hora, aún así no se amilanó e invitó al Diablo a una última ronda. El Diablo, que lo había estado pasando tan bien hasta el momento, no vio motivos para negarse.

Al llegar el momento de pagar, Jack afirmó haberse quedado sin dinero, lo que provocó numerosas bromas y burlas entre ellos, momento que aprovechó Jack para volver a retar al Diablo:

- ¡Vamos compañero! demuéstrame tus poderes, a ver de qué eres capaz. ¿Por qué no te conviertes en algo pequeño, en una moneda, por ejemplo?

El Diablo, bastante ebrio y picado en su orgullo, usó toda su parafernalía y se transformó en una moneda. Momento en el que, astutamente, Jack aprovechó para coger la moneda y guardársela rápidamente en el bolsillo, donde previamente había guardado un crucifijo de plata.

El Diablo, atrapado junto a la cruz, no podía hacer nada para liberarse, por lo que, no le quedó más remedio que hacer un trato con Jack. Jack le liberaba y, a cambio, el Diablo no podía presentarse ante él en un año.

Así que, un año después, el Diablo se presentó puntual a su cita. Este año no habría borracheras, ni bromas, ni risas, en esta ocasión no iba a permitir que Jack le volviera a burlar.

En esta ocasión, Jack pidió un deseo antes de morir. Como bien es sabido, los últimos deseos de los que iban a morir debían de ser concedidos, por lo que el Diablo volvió a concedérselo, aunque en esta ocasión pusó algunas condiciones. No iba a permitir que, utilizando algún truco, Jack volviera a retrasar su entrada al Infierno.

- Quiero una última cena. No quiero nada exótico, llevo todo el año cuidando de ese manzano, y una de ellas, esa que se ve en la copa del árbol, acaba de madurar y pensaba comermela mañana. Desearía disfrutar de ella antes de mi muerte. Mi deseo es que me la bajes para que pueda comérmela y luego puedes llevarme contigo.

Al Diablo le pareció un deseo razonable. Sólo una manzana. Por lo que sin pensárselo más aceptó. Ágilmente subió al árbol y se puso a buscar la manzana que Jack había señalado.
Pero Jack había vuelto a engañarle, justo cuando el Diablo había subido al árbol, Jack grabó en el tronco una cruz para que este no pudiera escapar.

El Diablo estaba furioso y humillado, ¡aquel granjero se había atrevido a engañarle dos veces! Aún así, no le quedó más remedio que volver a hacer un trato con Jack.

Esta vez Jack pidió que el Diablo no pudiera presentarse ante él en diez años.

Pero el destino quiso que Jack perdiera la vida mucho antes del tiempo establecido. Tal como era, soberbio, altivo, vicioso y tramposo era completamente imposible que cruzara las puertas del Cielo y, por lo tanto, debía ir al Infierno.

Pero había un problema, el pacto seguía vigente y, por consiguiente, era imposible que Jack se encontrara con el Diablo antes de que se cumplieran los diez años. Por lo que tampoco podía entrar en el Infierno. Jack se quedaba en tierra de nadie, entre el Cielo y el Infierno, sólo y a oscuras. Jack suplicó ayuda.

El Diablo burlón, había estado esperando todo este tiempo su venganza, y esta era su oportunidad. Le negó la entrada al Infierno transcurrido el tiempo pactado, pero como burla, le lanzó una brasa que no dejaría de arder con el fuego del infierno para iluminar su camino.

Jack vació un nabo y colocó la brasa en su interior a modo de farolillo. Comenzó a vagar eternamente, sin pertenecer a ningún lado, en busca de un lugar donde encontrar el descanso final.

Desde entonces, Jack the Lantern, como se le empezó a llamar, ha sido visto en numerosas ocasiones durante la noche de Halloween, acompañando a aquellos que se atreven a salir esa noche, y ofreciendo a sus acompañantes un truco o un trato.

Y que va a ser esta noche ¿truco o trato?

Un beso a todos.

sábado, 29 de octubre de 2011

Silverpilen, la flecha plateada de Estocolmo


Existen numerosas leyendas urbanas relacionadas con trenes fantasmas, una de las más famosas es la que se refiere a un tren conocido como Silverpilen ("la flecha plateada") en la ciudad de Estocolmo, en Suecia.

El Silverpilen es un tren de un reluciente color plateado, de la serie C5, y que consta de 5 vagones, y que se asegura que ha sido visto en numerosas ocasiones circulando a toda velocidad por la red de metro de la ciudad.

Lo curioso es que, en Estocolomo, únicamente se puso en funcionamiento un tren de la serie C5, y este tren constaba de 8 vagones. Otra diferencia con el Silverpilen es que el Silverpilen solía ser visto en la línea 11, línea que no cubría el otro tren. Funcionó durante la década de los 60 y reemplazado más tarde por trenes más modernos.

Vagón de la serie C5 como el Silverpilen.
 Los primeros rumores aparecieron muy pronto, la gente decía que un tren blanco y resplandeciente recorría las líneas del metro a toda velocidad durante la noche.
Como en toda leyenda urbana, existen diferentes versiones de la leyenda. Algunas versiones afirman que el tren había sido visto únicamente por los trabajadores del metro que suelen hacer labores de mantenimiento de la red por la noche cuando las líneas son cerradas al público. Otras, aseguran que el tren sólo circula después de medianoche por algunas estaciones. Incluso hay versiones que llegan a afirmar que, en algunas ocasiones, el tren ha sido visto parando para recoger a algunos pasajeros.

Una de las versiones más extendidas relaciona el Silverpilen con la estación fantasma de Kymlinge.

Kymlinge es una estación que iba a pertenecer a la línea 11 y que nunca entró en funcionamiento porque nunca fue acabada. Esta estación está situada en medio de un bosque a las afueras de Estocolmo, que fue proyectada, en la decada de los 70, para unir un futuro barrio obrero con la ciudad, el proyecto fue abandonado y la estación quedó inacabada.

Pues en esta versión de la leyenda, los pasajeros que son recogidos por el Silverpilen, son apeados en la estación de Kymlinge una vez que han muerto. De esta versión de la leyenda surge un dicho que viene a decir algo como "sólo los muertos se bajan en Kmlinge (Bara de döda stiger av i Kymlinge)". Hay estudiosos que relacionan esta leyenda con la leyenda del Holandés Errante, ya que aquellos que subían a él no podían abandonarlo con vida.

Esta leyenda urbana alcanzó gran popularidad durante la década de los 70, tanto es así que, en 1980, fue recogida y publicada por Bengt Klintberg. El 10 de diciembre de 1997, la serie sueca "Det spökar (Los fantasmas)" emitió un capítulo dedicado a esta historia.

Hoy en día la popularidad de la leyenda sigue siendo tal que tiene una página como grupo en la red social Facebook.

 El Silverpilen sigue circulando a medianoche por las estaciones de Estocolmo, parando de vez en cuando para recoger algún pasajero despistado.


Espero que os haya gustado.

Un beso a todos.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Banshees, los lamentos de la muerte


Las banshees son espíritus femeninos que al aparecerse ante alguien anuncian, con sus gemidos, la muerte cercana de un pariente o ser querido. Pertenecen a la tradición irlandesa, escocesa y bretona.

Son consideradas hadas y mensajeras del otro mundo. Son lo que ha quedado de las deidades, espíritus de la naturaleza y ancestros venerados por los antiguos celtas antes de la introducción del Cristianismo.

El término Banshee proviene del irlandés "bean sidhe" o "bean sí", y, también, del gaélico escocés "bean sith". Significa "mujer de los túmulos feéricos" o "mujer de paz".

Las descripciones que hay de las banshees son muy diversos y diferentes aunque hay dos tipos que destacan en los diferentes relatos. Aunque casi todos los relatos coinciden en afirmar que uno de los rasgos físicos más característicos de las banshees son sus ojos, de un color rojo encendido, que se han vuelto así tras siglos de llorar a quienes amaron y por los que guardan duelo.

Aparece como una mujer a la que no se la distingue el rostro y va vestida con un sudario que la envuelve completamente el cuerpo. Suele aparecer agazapada entre los árboles mientras llora desconsolada y tan tristemente que parte el corazón oírla.

Otra de las apariencias más comunes es la de una anciana de rostro horrible y una larga y frondosa melena, llevando un vestido verde y cubierta con un manto gris. Aunque puede ser vista en el bosque, esta banshee prefiere acercarse a las ventanas de la casa para emitir sus lamentos.

Otras apariencias que toman es la de una viejecita menuda o una hermosa joven con una larga melena dorada y vestida de rojo. Algunos autores las describen como virgenes hermosas o volando por los aires.

Una banshe también puede aparecer en la distancia, como una figura solitaria paseando por las colinas que rodean la casa de la familia o sentada sobre un muro de piedra. En ocasiones, no es visible pero es clara su presencia al escuchar los penetrantes gemidos que emiten.

Borges describio a la banshee  como "es menos una forma que un gemido que da horror a las noches de Irlanda".

Aunque puede aparecer de muy diversas formas, por lo general, la visión de estos espíritus provocan terror, miedo o, al menos, inquietud.

El grito de la banshee es inconfundible, según cuentan, es a la vez el aullido de un lobo, los gritos desesperados de un niño abandonado y los gritos de un ganso salvaje. Los que afirman haberlo oído sostienen que este grito despertaría a cualquiera de un sueño muy profundo y que es perfectamente audible en mitad de una violenta tempestad.

A veces sólo emiten un lamento suave y musical que resulta hermoso y muy triste. Según algunas tradiciones, el canto funeral irlandés llamado "keen" o "caoine" está inspirado en estos lamentos.

Las banshees no suelen aparecerse a la persona que va a fallecer, siempre suele aparecerse a personas cercanas o, en ocasiones, a personas que ni siquiera conocen a la persona y que, solo después de enterarse de la muerte de esta, comprenden realmente el significado de la aparición.

En algunas ocasiones, las banshees susurran unas palabras misteriosas, incomprensibles para quienes las oyen, que no se suelen entender hasta después del fallecimiento.

En algunas leyendas se hace referencia a que, en ocasiones, varias banshees se reúnen para gemir al unísono. Cuando esto ocurre es anunción de una gran catástrofe o de la muerte de alguien muy importante.

Antiguamente, las banshees estaban ligas a las grandes familias celtas, todas las familias importantes que empezarán por "0'" o por "Mac" tenían su propia banshee. Pero con el paso del tiempo, estas familias se han ido uniendo a otras, mediante bodas o alianzas, por lo que hay banshees ligadas a familias con sangre celta con otros apellidos.

La fidelidad de la banshee no tiene límites. Cuando está unida a una familia la sigue allá donde vaya. Si la familia se muda o emigra la banshee va con ellos, anunciando y lamentando la muerte de alguno de sus miembros.

Aibhill es el nombre de la banshee más famosa y estaba unida a la familia real de los O'Brien. Según cuenta la leyenda, El rey Brian Boru supo que no sobreviviría cuando la noche anterior a la Batalla de Clontarf, en 1014, se le apareciera Aibhill, estaba lavando la ropa de los soldados, el rey observó que poco a poco el agua que utilizaba Aibhill para realizar su tarea se iba oscureciendo hasta volverse tan roja como la sangre. 

Existen muchas leyendas en las que aparecen estos espíritus y se dice que allá donde haya un irlandés o escocés que fallece hay una banshee que le llora.

Espero que os haya gustado.

Un beso a todos.

lunes, 26 de septiembre de 2011

Némesis, la diosa de la venganza


Némesis es una de las deidades primordiales de la mitología griega, esto significa que no está sometida a los dictamines de los dioses olímpicos por ser anterior a ellos. Las deidades primordiales salían de las fuerzas primigenias del Universo y no se someten a otro control que ellos mismos.

Némesis es la diosa de la justicia retributiva, la venganza y la fortuna. También castigaba a las personas que no obedecían a sus superiores, aquellos que tenían el derecho de mandarlas, y, por tanto, a los hijos que desobedecían a sus padres. Otra de sus funciones era la de recibir los votos y juramentos secretos de amor y vengaba a los amantes traicionados por la infidelidad o el abandono de sus amantes.

La equivalente romana de Némesis es, en gran parte de sus funciones, Envidia.

Némesis vigila la correcta distribución de la felicidad y el derecho y, por tanto, también se encarga de impartir el justo castigo por los delitos cometidos y por la soberbia humana. Némesis proviene de la voz “nemein” que significa reparto, administración, distribución.

Representa la atribución por una autoridad legal; de un modo más preciso, Némesis es la justa repartición en tanto no es respetada, en tanto es amenazada y puesta en tela de juicio. Asociada a Temis, que asienta la justicia verticalmente desde los dioses, Némesis define un plan de repartición-retribución de forma correcta, legal y castiga la excesiva y arbitraria. Sus sanciones tienen usualmente la intención de dejar claro a los hombres que, debido a su condición humana, no pueden ser excesivamente afortunados ni deben trastocar con sus actos, ya sean buenos o malos, el equilibrio universal.

En su valor simbólico, Némesis personifica la "venganza divina"; la divinidad que castiga el crimen, pero, sobretodo, representa el poder encargado de suprimir toda "desmesura", como aquel que permite el exceso de felicidad en los mortales, el orgullo de los reyes, etcétera. Esta es una concepción fundamental del espíritu helénico: todo cuanto sobresale de su condición, tanto en bien como en mal, se expone a las represalias de los dioses, pues tiende a poner en peligro el imprescindible equilibrio universal; por eso debe castigarse si se quiere que el mundo siga tal como es. De este modo, por ejemplo, Creso, demasiado feliz por sus riquezas y su poder, es arrastrado por la Némesis a su expedición contra Ciro, expedición que acaba por ser una ruina, el castigo a una ambición desmedida.

El poder irresistible de Némesis está expresado por su asociación con Adrastea, divinidad asiática que se confundió con ella, hasta ser este nombre uno de sus epítetos. Némesis es uno de los atributos del dios supremo, y era, en unión de Adrastea, el instrumento de la cólera divina.

Es la personificación del levantamiento contra la injusticia (el nombre griego significa "ira"), al propio tiempo vengadora del crimen cometido y juez imparcial en los certámenes, provista de balanza, espada y regla de medir. Como diosa del destino tiene el poder de retrotraer al suelo de la realidad a aquellas personas que han gozado de una buena suerte inmerecida.

La procedencia de la diosa no está clara. Hesíodo la considera hija de Érebo y Nix (la Oscuridad y la Noche), mientras que Pausanias atribuye la paternidad de Némesis a Océano.

A Némesis se le atribuye tres hijos. Amada por Zeus, Némesis huye de sus requerimientos, y para poder librarse de él adopta varias formas, entre ellas pez, ganso y cisne, y finalmente termina transformándose en oca. Zeus consigue poseerla transformándose a su vez en cisne y, de esta unión, Némesis concibe un huevo.

La diosa entrega ese huevo, por medio de unos pastores, a Leda, reina de Esparta, para su crianza y cuidado. De este huevo surge Helena y los Dioscuros, Cástor y Pólux. Esto provoca que tras el rapto de Helena por parte de Paris, y el estallido de la guerra de Troya, Némesis sea una de las deidades que intervienen en la contienda.

Otra versión afirma que, Zeus, que se había transformado en cisne, tuvo que huir de un águila que le perseguía y fue a encontrar refugio en el regazo de la diosa que en ese momento se hallaba en forma de oca. Zeus vio la oportunidad de seducir a la diosa, y, esa unión fructificó en un huevo que dio origen al nacimiento de Helena y los Dioscuros.

En memoria de esta unión Zeus coloca al cisne y la oca como constelaciones en el cielo.

Némesis es representada con una corona y a veces con un velo que le cubre la cabeza, suele llevar una rama de manzano en una mano y una rueda en otra. A veces, en algunos monumentos griegos de la corona sale un asta de ciervo para indicar la prontitud con la que la diosa da a cada uno lo que le corresponde. La flor del narciso adornaba también su corona como símbolo de un joven demasiado orgulloso enamorado de su propia hermosura.

Los etruscos la coronaban con una diadema de piedras preciosas.

En muchas representaciones aparece con alas para expresar la celeridad con la que atendía todas sus funciones, y suele aparecer armada de antorchas, espadas y serpientes como instrumentos de su venganza.

El origen del culto a esta diosa nace del temor que sentían los griegos de la cólera divida. Hesíodo representa a Aidos y Némesis huyendo de la Tierra, envueltos en velos blancos, indignados ante la contemplación de la perversidad humana. Némesis es una personificación del sentimiento moral, reprobador de toda violencia y de todo exceso.

Fue considerada como la fuerza o el poder del Sol, extendiéndose su culto por toda la tierra. Fue venerada por los persas, asirios, babilonios, egipcios y etíopes. Orfeo llevó su culto a Grecia y se extendió, más tarde, por Italia, colocándola entre las principales divinidades utilizando el nombre griego de Némesis. Tanto fue así, que tenía un altar en el Capitolio al que los guerreros ofrecían a la diosa machetes o cuchillas antes de partir para los combates.

El primer templo que tuvo Némesis estuvo en Ramnunte, situado en el Ática; durante mucho tiempo su culto no se extendió al resto de Grecia. Némesis también recibe el nombre de Ramnusia, la “diosa de Ramnonte”. En la antigua Ramnunte, Némesis era honrada junto a Temis.

Junto a este santuario destacó también el de Esmirna.

En el período helénico, Némesis, como extensión de su función de diosa de la justicia retributiva, fue venerada también como diosa de los agones (competiciones de todo tipo). En Roma, a menudo se colocan pequeños altares de Némesis en las entradas de la palestra de los circos y anfiteatros romanos, para que los gladiadores pudieran llevarla ofrendas.

Este artículo llega con bastante tiempo de retraso, hace ya algún tiempo que una persona muy importante en mi vida me pidió que lo hiciera, pero entonces mi vida era un caos y no podía concentrarme, por lo que dejé de escribir un tiempo. Lo prometido es deuda, espero que lo disfrutes.

Espero que os guste.

Un beso a todos

lunes, 19 de septiembre de 2011

Sátiros

Un sátiro (en griego Σάτυρος, Sátyros) es una criatura de la mitología griega que encarna la fuerza vital de la naturaleza.

Los sátiros, conjuntamente con las Ménades, forman el cortejo dionisíaco, cortejo que acompañaba siempre al dios Dionisos.

La representación más común es la de una criatura mitad hombre mitad carnero, con orejas puntiagudas y cuernos de carnero en la cabeza, abundante cabellera y pelo en el cuerpo, una nariz chata, cola de cabra y un priapismo permanente. A menudo llevan pieles de animales, muchas veces salen representados con pieles de pantera (atributo de Dioniso).

Las representaciones romanas confundían a los sátiros con los faunos, ya que la gran diferencia entre estas criaturas tan similares radican en dos cosas: los faunos tienen las patas y los cuernos de chivo.

Se les ha representado en varias edades de su vida. Los menores son llamados satyrisci, y se les representa como graciosos jóvenes. Los sátiros mayores son llamados silenos, por Sileno, preceptor de Dioniso, y se les representa como de una gran fealdad. En las representaciones aparecen a menudo con una copa o un tirso en la mano, en actitud de bailar con las ninfas, a las que a menudo persiguen.

Los sátiros son criaturas alegres y pícaras, aunque su carácter desenfadado y festivo puede volverse peligroso e incluso violento. Como criaturas dionisíacas son amantes del vino, las mujeres y los muchachos, y disfrutan de los placeres físicos. Tienen especial debilidad por las ninfas. Bailan al son de las flautas (auloi), címbalos, castañuelas y gaitas. Tienen un baile especial llamado sikinnis. Debido a su gusto por el vino, en la decoración de vasijas y vinajeras, a menudo aparecen sosteniendo copas y en actitudes festivas.

Los sátiros representaban una naturaleza subversiva que se manifestaba como fuerza opuesta al orden establecido, al decoro y a todas las convenciones sociales de la sociedad.
Los sátiros, ya en época romana, fueron considerados como espíritus de los bosques y se les relacionaba con el dios romano Pan, por lo que en muchos casos también reciben el nombre de panes.

Bien por influencia externa o por desarrollo propio, otras mitologías también muestran personajes o criaturas con carácter similar a los sátiros griegos y romanos, espíritus de los bosques y de la naturaleza, como los leszi o lisovik del folclore eslavo o las carantoñas de los bosques del noroeste de la península ibérica o los basajaun vascos. Éstas y otras criaturas muestran rasgos muy similares con los sátiros, ya sea su carácter alegre, festivo y desenfadado, su promiscuidad sexual o su gusto por el vino.

En la mitología hebrea existen los sh'lrlm ("peludos"), una especie de demonio o ser sobrenatural que habita en los desiertos, y a los que se alude en el Levítico como receptores de sacrificios, y posiblemente relacionados con la simbología del chivo expiatorio. En la Biblia estos seres son traducidos como diablos, aunque en la traducción inglesa del Rey Jaime se les atribuye el término "satyr" (sátiro). En la mitología árabe y musulmana estos seres son conocidos como azzab al-akaba (demonios peludos de los pasos de montaña).

En la mitología cristiana la representación del sátiro fue asumida por el diablo, que aún actualmente suele representarse en la iconografía como una criatura con patas y cuernos de cabra.

Son numerosas las culturas en las que los sátiros juegan un papel importante y son numerosas las leyendas en las que aparecen.
Espero que os haya gustado.

Un beso para todos

lunes, 12 de septiembre de 2011

Los Jinetes del Apocalipsis

El Apocalipsis de San Juan, también conocido como Apocalipsis de Jesucristo, es el último libro del Nuevo Testamento. Es posiblemente el escrito más rico en símbolos de toda la Biblia y, por tanto, es considerado uno de los libros más controvertidos y crípticos de las Sagradas Escrituras por la gran cantidad de interpretaciones que genera en los significados de nombres, eventos y símbolos que aparecen en él.

El Apocalipsis relata la llegada del Cordero (Cristo resucitado) y la apertura del libro de los siete sellos. La apertura de los cuatro primeros da lugar a la aparición de los jinetes, los otros dos sellos traen consigo visiones de cataclismos naturales, y, con el último sello viene el Juicio Final.

Una vez abierto el último sello, se desarrolla una serie de catástrofes anunciadas por 7 trompetas y el surgimiento de una primera Bestia que se enfrentará con 2 Testigos (enviados de Dios).

En la primera parte del capitulo 6º del Apocalipsis de San Juan aparecen por primera vez los cuatro jinetes. Surgen con la apertura de los primeros cuatro sellos y preceden al Apocalipsis. Estos jinetes son: la Peste, la Guerra, el Hambre y la Muerte, que los comanda a todos.

Primer sello: Aparece un caballo blanco cabalgado por el jinete de la Victoria (Muerte). El jinete porta un arco, un arma para alcanzar grandes distancias, y luce una corona.

"Miré y vi un caballo blanco y el que montaba sobre él tenía un arco, y le fue dada una corona, y salió vencedor, y para vencer aún." Ap. 6.2
 Segundo sello: Aparece un caballo rojo cabalgado por el jinete de la Guerra. El jinete porta una gran espada.
"Entonces salió otro caballo rojo; al que lo montaba se le concedió quitar de la tierra la paz para que se degollaran unos a otros; se le dio una espada grande" Ap. 6,3-4
Tercer sello: Aparece un caballo negro montado por el jinete del Hambre. El jinete porta una balanza en la mano.

"Y oí una voz en medio de los cuatro seres vivientes, que decía: "Dos libras de trigo por un denario y seis libras de cebada por un denario, pero no dañes el aceite ni el vino"" Ap. 6,6
Cuarto sello: Y, por último, aparece un caballo amarillo (o verde) cabalgado por el jinete de la Peste.

"Mire y vi un caballo amarillo. El que lo montaba tenía por nombre Muerte, y el Hades lo seguía; y le fue dada potestad sobre la cuarta parte de la tierra, para matar con espada, con hambre, con mortandad y con las fieras de la tierra". Ap. 6,8
Nota: En las Escrituras a ninguno de los Jinetes se les da otro nombre que el de Muerte.

Aunque la aparición de los Jinetes es breve en las Escrituras, su gran importancia radica en la gran influencia que han tenido sobre la cultura occidental, tal como demuestra la gran cantidad de obras artísticas en las que aparecen representados y el cambio tan profundo que han provocado en nuestra percepción del fin del mundo.

 Un beso a todos

viernes, 22 de abril de 2011

El Great Eastern, el gigante desafortunado


A finales del siglo XIX, la rivalidad entre las grandes empresas navieras se traducía en faraónicas construcciones capaces de realizar impensables hazañas que maravillaban al mundo. Por eso la construcción de un barco capaz de recorrer, sin realizar ningún repostaje, la travesía entre Inglaterra y Australia era una de esas hazañas que ocupaban a los ingenieros de la época.

El reputado ingeniero británico Isambard K. Brunel, creador de dos grandes buques, el “Great Britain” y el “Great Western”, alentado por sus anteriores éxitos, fue el artífice del proyecto.

Las dimensiones del buque eran increíbles para la época: 211 metros de eslora; 36 metros de manga (incluidos los tambores de las ruedas de palas); dos enormes mecanismos para accionar estas ruedas de 17 metros de diámetro; una hélice de 7 metros de longitud, y un desplazamiento de 32.000 toneladas. Todo esto hacía del “Great Eastern” en el barco de pasajeros más grande del mundo. Brunel diseñó el casco también muy avanzado: creó un gran armazón con cuadernas y forros dobles, dividiéndolo en mamparas transversales con diez compartimientos estancos, de 18 metros de longitud cada uno.

Sin embargo, la nave estuvo rodeada de extrañas circunstancias desde el principio.
Para construir la nave, Brunel buscó el apoyo financiero de la Easter Steam Navigation Company, fundada en 1851 para el comercio con la India, países del Extremo Oriente y Australia.

La construcción se inició en los astilleros de John Scott Russel, en Millwall (Londres), y desde casi el comienzo empezó a correr la voz de que estaba embrujado. La mala suerte parecía perseguir a las personas relacionadas con él.

Los accidentes más inexplicables estaban a la orden del día, por lo que varios operarios perdieron la vida. Para empeorarlo, un remachador desapareció de forma sumamente misteriosa mientras trabajaba en el casco del buque. Las especulaciones sobre el barco y las desgracias que se generaban a su alrededor eran muchas y muy variadas.

Una vez terminado, el barco se encontró con otro grave problema. Los astilleros donde se había construido el buque estaban en una zona demasiado estrecha del Támesis para realizar una botadura de frente, debido a su envergadura, que es lo más habitual. Esto ya había implicado un grave retraso en la finalización del barco, con el consiguiente aumento de los costes, al tener que montar el casco paralelamente al curso del río, para poder conseguir hacer una botadura lateral.

Brunel acabó enfermando debido al exceso de trabajo y las enormes preocupaciones que este proyecto le estaba causando.

El martes 3 de Noviembre de 1857, en un primer intento de botadura, se produjo un accidente mortal. Inexplicablemente el cabrestante se desenrolló repentinamente segando la vida de uno de los trabajadores. Por supuesto, la botadura se canceló.

El 19 de noviembre se volvió a intentar, con algo más de suerte, pero sin conseguirlo y, para finales de mes, el buque sólo se había movido 10,2 metros en total. Era un desastre, Brunel y la compañía estaban desesperados.

Por fin, casi tres meses después del primer intento, el domingo 31 de enero de 1858, se produjo la botadura. El buque emprendió entonces una travesía de prueba hasta Weymouth (condado de Dorset), pero, otra vez la mala suerte se cebó con él, produciéndose otro grave accidente. A las pocas horas una de las tuberías de vapor reventó provocando la explosión de una de las cuatro chimeneas: murieron seis fogoneros. La noticia se propagó como la pólvora.

Brunel, que ya estaba muy enfermo para entonces, quedó impactado por la noticia, provocando un grave empeoramiento de su estado. Falleció el 15 de septiembre de 1859.
Por su parte, La Eastern Steam Navigation Company era incapaz de hacer frente a los enormes gastos motivados por los accidentes y los retrasos del Great Eastern, por lo que finalmente se vio en la necesidad de venderlo a la Great Ship Company.

La Great Ship Company pretendía usar el barco en cruceros trasatlánticos. Nunca se llegaron a cubrir sus 4.000 plazas.

El primer crucero, con destino Nueva York, fue un desastre y el pánico cundió tanto en el pasaje como en la tripulación. Los pasajeros de las clases inferiores y la tripulación no cesaban de oír golpes secos, como de martillazos, que procedían del fondo del casco, estos ruidos se oían a todas horas y durante todo el trayecto creando una situación terrorífica en el pasaje. Para colmo de males, el Great Eastern sufrió dos accidentes en este trayecto: primero, una fuerte tormenta se abatió sobre la nave en medio del Atlántico, lo que provocó el barco quedara desarbolado; y, muy cerca del puerto de Nueva York, chocó con un escollo no indicado en las cartas marítimas. La tripulación ya no podía más y, totalmente aterrorizada, se negó a obedecer las órdenes del capitán, bajo amenaza de amotinarse.

El Great Eastern nunca volvió a ser utilizado para el transporte de pasajeros. Tras tener que volver a invertir miles de libras en reparaciones, la Great Ship Company se vio en la necesidad de poner el barco en venta. Tres antiguos accionistas de la compañía adquirieron el barco para alquilarlo como buque portacables a la Telegraph Construccion Company.

En Julio de 1865, convenientemente equipado, zarpó de un puerto irlandés para tender un cable trasatlántico, pero al cabo de 1.930 kilómetros de tendido el cable se rompió, haciendo inútiles los esfuerzos por reparar la avería. Un año más tarde, en 1866, se repitió la operación, está vez coronada por el éxito. De esta manera, el Great Eastern, fue utilizado para el tendido de cables de Francia a América, de Bombay a Aden y a lo largo del Mar Rojo.

Terminó sus días anclado en el puerto de Liverpool, como verbena flotante y espacio para espectáculos.

Pero el Great Eastern no iba a desaparecer sin ser noticia otra vez. En 1888, cuando se procedía a su desguace, los trabajadores se llevaron un tremendo susto al encontrar, entre las dos secciones del casco que estaban separadas un metro de anchura, los restos del desaparecido remachador, que aún conservaba bien sujeto en su mano un martillo.
Transcurrieron dos décadas antes de que se volviese a construir otro buque que superara en tonelaje al Great Eastern, y ese barco fue el Lusitania, cuya leyenda aún perdura.

Besos a todos… y feliz crucero!!!